EL CAMINO
Y CAMINAR
El
24 de julio del año 2021 llegabamos a Santiago de Compostela.
Cargados con nuestra mochila, muy cansados, pero satifechos.
La
llegada a Santiago se consumaba con la entrada a la plaza del
Obradoiro, al son de una gaita gallega que animaba al viandante que
pasaba bajo el arco que da acceso desde la Rua da Acibecheria .
Habiamos
andado cargados con nuestra mochila, durante seis días, de cuatro a
seis horas diarias.
Comenzando a andar con la oscuridad de la noche
y viendo como los campos se iban iluminando a medida que avanzaba
el amanecer. A veces abrigados por la niebla, a veces bajo la lluvia
.
Nada
nos distraia de una unica ocupación ; andar, y seguir
andando.
Andar y andar, sabiendo que, en el camino, un paso andado
era un paso menos para llegar a nuestro destino.
En las cuestas
arriba, me veia obligado a hacer detenciones momentaneas forzadas por
la falta de aire en mis maltrechos pulmones. Detenciones que me
obligaban a soltar lastre pidiendo a mis acompañantes que siguieran
a su ritmo y que yo ya los veria más adelante.
Caminando con un
ritmo forzado de respiración, inclinado el cuerpo hacia adelante para hacer
fuerza con los brazos y los bastones, mientras caen las gotas de
sudor por la frente.
A
veces me sentía culpable por no ser capaz de llevar el ritmo de mi
acompañante. Cierto que habia 31 años de diferencia, pero yo habia
estado entrenando varias semana antes.
Lo
cierto es que cuesta abajo con fuertes pendientes, con sol, con
lluvia, con niebla. Nada nos iba a detener. Nada. Nada. Nada.
En
ningun momento pasó por nuestra mente pensar que no ibamos a
conseguir llegar.
Teniamos la certeza como la muerte, que un dia
llegará, que llegaríamos a Santiago y , ciertamente, llegamos.
Y
sucedieron muchas cosas. Cosas que son dificiles de narrar. El
caminar cambió algo en nuestras vidas.